Imagen de la cabecera del blog: cuadro de la autora

viernes, marzo 11, 2011

CUANDO TE ESCRIBO

O el poder de unas alas.

Lamento en cada palabra de cada verso
(los poemas también tienen su propio llanto)
contenido e incompleto,
son un discurso apagándose y muriendo
entre cada uno de mis dedos.
Las lágrimas de la palabra ausencia
se mezclan con el barro de este suelo
que tiembla bajo mis pies descalzos.
Perdona, no sé sostenerme sobre tus alas
y el cansancio de mis brazos
despista al de mi alma.
Cómo puede uno apearse de los sueños
sin perder en la caída la ilusión
por la vida?
Estás perdido si no sueñas;
vamos!, sueña conmigo!
y subamos arriba,
donde la luz última
respira y desdobla los legajos secos
dónde la última estrella nos acune
y las palabras no caigan al vacío
o se las lleve el viento.

ana



Sobre mi cuarto hay un cielo muy negro, sin luz.
Dentro, una luz que agoniza al tratar de salir
y un mono gris que me aúlla cuando no estás tú.

Vicente Feliú

jueves, marzo 10, 2011

SUNRISE

Cada vez que me acerco al papel en blanco para escribir un poema, los primeros versos nacen de un silencio atronador, de un susurro, de una voz interna que masculla los dolores y los devuelve a la boca y casi sin darme cuenta vas amaneciendo en la noche del poema.
ana

domingo, marzo 06, 2011

TRANSPARENCIA DE OTROS

En la humedad del silencio de invierno
blanco extremo y sosegada escritura
un frío crepuscular entumece mis dedos
abandonados a la blancura.
En la recién llegada mañana
de una sospechada calma
emerge el poema, hundido
como un ahogado, desde el fondo
del alma.
No conozco la calle donde me abandono
ni el banco, ni la plaza, ni el tejado
en que quedaron sostenidos otros poemas
por otros fríos, por otras manos,
pero hay algo que los une, bajo un mismo
tempo,
un silencio de blancura y un rocío,
ese sosegado e íntimo abandono.
Es de Roma o de Lisboa el sentimiento,
o de un rastro esparcido por el suelo
de cualquier plaza de pueblo,
donde uno se reencuentra de pronto
con el rostro entumecido y escarbado.
Y es entre las calles de uno mismo
donde de pronto asoma cambiante
y renovado, trasmutado,
el elegido, el nuestro.
Y pasarán delante de nuestros ojos
palomas y susurros extraños
desdeñables hoy, por ajenos,
que nunca surcarán nuestro cuaderno.
Pero es en el retorno de un poema
recordado de pronto, en ese silencio,
cuando reclino mi rostro y padezco
la transparencia de Otros.

ana

"We get to think of life as an inexhaustible well…How many more times will you watch the full moon rise? Perhaps twenty. And yet it all seems limitless." — Paul Bowles, The Sheltering Sky.

jueves, marzo 03, 2011

EL ESCLAVO

¿Y si la muerte no tiene el silencio
que le asignamos desde el no saber?

¿Y si es precisamente tal su fragor unánime
que nos impide oir a quienes quedan?

V Vértices, de "Hilo de nadie" Lorenzo Oliván.

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Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Este quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo, si además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse, pero hay medios fugitivos: los placeres sexuales por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya "la farsa que todos tenemos que representar". Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no solo llega a acordarse con el del mundo externo que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes...

De "El espejo de la melancolía" (de La extracción de la piedra de locura. Otros poemas) Alejandra Pizarnik

Que en tu camino de vuelta siempre tengas una luz.