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viernes, noviembre 04, 2011

PEQUEÑAS MENTIRAS... Y SU IMPORTANCIA

"En la otra orilla de la noche
el amor es posible
-llévame-
llévame entre las dulces sustancias
que mueren cada día en tu memoria."

El olvido. Alejandra Pizarnik.



Un cofre espera afuera, en la puerta de un circo,
las palabras asoman y se derraman
sobre la arena aun llena de lluvia.
Un espectro hace piruetas sobre un hilo de seda
y una red de distancia cubre su caída.
Son punzantes los clavos del tedio
la cama de la tarde,
oscuro el cajón del mago,
ahogados los poemas del solitario saltimbanqui
que llora escondido tras las cortinas de terciopelo.
Una trapecista mueve sus alas sobre la ciudad nocturna
mientras abajo alguien barre sus plumas blancas.
Un gigante de poemas pone flores entre mis dedos,
me enciende de luciérnagas el cuerpo,
sopla suavemente en mi pelo
y salen volando todos los pájaros de mi pecho.
ana

jueves, marzo 03, 2011

EL ESCLAVO

¿Y si la muerte no tiene el silencio
que le asignamos desde el no saber?

¿Y si es precisamente tal su fragor unánime
que nos impide oir a quienes quedan?

V Vértices, de "Hilo de nadie" Lorenzo Oliván.

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Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Este quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo, si además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse, pero hay medios fugitivos: los placeres sexuales por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya "la farsa que todos tenemos que representar". Pero por un instante -sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-, el ritmo lentísimo del melancólico no solo llega a acordarse con el del mundo externo que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes...

De "El espejo de la melancolía" (de La extracción de la piedra de locura. Otros poemas) Alejandra Pizarnik

Que en tu camino de vuelta siempre tengas una luz.


miércoles, junio 03, 2009

ALEJANDRA PIZARNIK, UNA DOLENCIA HECHA DE PALABRAS

Noche compartida en el recuerdo de una huida.

[...] Si fuertemente, a sangre y fuego, se graban mis imágenes, sin sonidos, sin colores, ni siquiera lo blanco. Si se intensifica el rastro de los animales nocturnos en las inscripciones de mis huesos. Si me afinco en el lugar del recuerdo como una criatura se atiene a la saliente de una montaña y al más pequeño movimiento hecho de olvido cae ---hablo de lo irremediable, pido lo irremediable---, el cuerpo desatado y los huesos desparramados en el silencio de la nieve traidora. Proyectada hacia el regreso, cúbreme con una mortaja lila. Y luego cántame una canción de una ternura sin precedentes, una canción que no diga de la vida ni de la muerte sino de gestos levísimos como el más imperceptible ademán de aquiescencia , una canción que sea menos que una canción, una canción como un dibujo que representa una pequeña casa debajo de un sol al que le faltan algunos rayos; allí ha de poder vivir la muñequita de papel verde, celeste y rojo; allí se ha de poder erguir y tal vez andar en su casita dibujada sobre una página en blanco. "

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FUGA EN LILA

Había que escribir sin para qué, sin para quién.
El cuerpo se acuerda de un amor como encender la lámpara. El silencio es tentación y promesa.
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“Pierdo la razón si hablo. Pierdo los años si callo”.




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La noche, de nuevo la noche,
la magistral sapiencia de lo oscuro,
el cálido roce de la muerte,
un instante de éxtasis para mí,
heredera de todo jardín prohibido.Pasos y voces del lado sombrío del jardín.
Risas en el interior de las paredes.
No vayas a creer que están vivos.
No vayas a creer que no están vivos.
En cualquier momento la fisura en la pared
y el súbito desbandarse de las niñas que fui.Caen niñas de papel de variados colores.
¿Hablan los colores? ¿Hablan las imágenes de papel?
Solamente hablan las doradas y de ésas no hay ninguna por aquí.Voy entre muros que se acercan, que se juntan.
Toda la noche hasta la aurora salmodiaba:
“Si no vino es porque no vino”.
Pregunto. ¿A quién?
Dice que pregunta, quiere saber a quién pregunta.
Tú ya no hablas con nadie.
Extranjera a muerte está muriéndose.
Otro es el lenguaje de los agonizantes.He malgastado el don de transfigurar a los prohibidos
(los siento respirar adentro de las paredes).
Imposible narrar mi día, mi vía.
Pero contempla absolutamente sola la desnudez de estos muros.
Ninguna flor crece ni crecerá del milagro.
A pan y agua toda la vida.
En la cima de la alegría he declarado acerca de una música jamás oída.
¿Y qué? Ojalá pudiera, vivir solamente en éxtasis,
haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo,
rescatando cada frase con mis días y con mis semanas,
infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra
de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.

Alejandra Pizarnik (1936/1972)