Imagen de la cabecera del blog: cuadro de la autora

martes, febrero 05, 2008

RAYUELA


Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

El cuadro: "Le lit, le baiser", de Henri Toulouse Lautrec.

domingo, febrero 03, 2008

CARNAVAL DE PALABRAS


Esta noche de máscaras y antifaces,
cuando te busque tras el cartón
me estarás ya esperando.
Y yo te adivinaré tras el velo
en tu renglón escondida
sabré que eres tú, mi amada
metáfora sosegada,
de horas nocturnas, veladas.


Amiga silente, dormitando en verbos
que nunca son los que prefieres.
En la pantalla, ternura
que peinas y maquillas,
vistes de rasos las culpas,
y de marabú las dudas.
Confeti para el deseo
carmines y buen olor,
jazmines para el dolor
y música para el silencio.

ana.

CANT DE L'ENYOR Lluís Llach, Marina Rossel, Maria Mar Bonet



CANT DE L'ENYOR

Ni que només fos
per veure't la claror dels ulls mirant el mar.
Ni que només fos
per sentir el frec d'una presència.
Ni que només fos
poder-nos dir un altre adéu serenament.

Ni que només fos
pel suau lliscar d'un temps perdut al teu costat.
Ni que només fos
recórrer junts el bell jardí del teu passat.
Ni que només fos
perquè sentissis com t'enyoro.
Ni que només fos
per riure junts la mort.

Ni que només fos
poder-nos dir un altre adéu serenament.
Ni que només fos
perquè sentissis com t'enyoro.
Ni que només fos
per riure junts la mort.

[per a tu]

viernes, febrero 01, 2008

DE LAS MARIPOSAS Y EL CAOS

Reggae de la Mariposas
Bernardo Atxaga
Del libro "poemas & Híbridos"Traducido del Euskara por el autor.

CANCIONES VI(Reggae de las mariposas)
¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨¨
Aquellas mariposas que volaban
hacia el interior del mar...
Aquellas mariposas que, por miles,
volaban por encima de las olas...

Se alejaron de la costa
como una pequeña nube
y, dejando atrás los barcos,
se perdieron a lo lejos;
Aquellas mariposas que volaban
hacia el silencio del mar...
No vayaís! No vayaís!
No encontrareís en ese mar
un lugar donde posaros;
No tiene islas, no tiene rocas,
Ese mar sólo tiene agua, oscura agua...

El efecto mariposa, conocido por todos, al menos en su forma más sencilla, no consiste en otra cosa que en creer que: “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar una tormenta al otro lado del mundo”.


En el siglo XVIII el gran filósofo, matemático y astrónomo Pierre Simon Laplace, en plena euforia por el éxito de las leyes newtonianas, suponía que con esas leyes en la mano y con lo datos necesarios: “Una inteligencia abarcaría en la misma fórmula los movimientos de los cuerpos más gigantescos del cosmos y los del átomo más imperceptible; para ella no habría nada incierto, y así el futuro como el pasado estarían ante sus ojos”. Isaac Asimov, muchos años después, en uno de sus ensayos sobre la incertidumbre, comparaba esa actitud con la del joven que es lo suficientemente inmaduro para creer que lo sabe todo. Con los años van desapareciendo muchas certidumbres y de la misma forma, a principios del siglo XX con la teoría de la relatividad de Einstein, con la física cuántica y la incertidumbre de Heisenberg, los viejos esquemas deterministas fueron cayendo y dejando tras de si un mundo menos seguro e intuitivo. Aún así, hasta mediados del siglo pasado todavía era una creencia general entre los científicos que dado un conocimiento aproximado de las condiciones iniciales, y, conociendo la ley natural, podía calcularse el comportamiento aproximado de un sistema.

Se creía que de la misma forma que los astrónomos consiguieron hacer sus previsiones sobre los movimientos de los astros, con el conocimiento de las leyes que se tenía sobre el tiempo atmosférico y la potencia de cálculo que iban a brindar los ordenadores se iba a poder prever, cada vez con mayor aproximación, el tiempo atmosférico. Se suponía que el problema que se planteaba era semejante, una cuestión de aproximaciones, que siendo cada vez mejores, conseguirían una mejor previsión a largo plazo. El optimismo irreal que caracterizó los años 1950 y 1960, en lo que a a la previción del tiempo atmosférico se refería, se vio truncado por un asombroso descubrimiento del meteorólogo y matemático Edward Lorenz.

Lorenz, como matemático que era, trató de extraer la esencia de lo que ocurría con el tiempo atmosférico y encontró unas sencillas y, aparentemente, anodinas ecuaciones diferenciales. No parecían tener nada de particular, pero al tratar de representarlas se dio cuenta, por casualidad, de que una diferencia mínima en los datos de entrada originaba que, al pasar el tiempo, el patrón representado variara de forma completamente diferente. Descubrió los sistemas muy sensibles a las condiciones iniciales: una pequeñísima variación en los datos de entrada originaba resultados completamente diferentes. Estudiando estos sistemas en un espacio abstracto llamado espacio de fases se descubrió que mientras los sistemas conocidos tendían a figuras concretas y sencillas como puntos o circunferencias, llamadas atractores, estos otros tendían a figuras de complejidad infinita que fueron bautizados con el nombre de atractores extraños. El primero de estos atractores es el atractor llamado la mariposa de Lorenz que aparece en la figura superior.

A partir de sistemas conocidos y regidos por ecuaciones en “completo orden” obtenemos unos sistemas que parecen llevar el caos en lo más profundo de su esencia. De forma exagerada, pero muy ilustrativa, Lorenz explicaba que los sistemas relacionados con el tiempo meteorológico eran tan sensibles a las condiciones inciales que el simple aletear de una mariposa, en un rincón de China, podría variar las condiciones climatológicas en Alabama. A partir de un orden establecido, se producen infinidad de realimentaciones en las que intervienen la convección del fluido caliente, su velocidad y la transferencia del calor entre diferentes capas del mismo. El orden lineal es sustituido por la no linealidad caótica y muy sensible a las más pequeñas variaciones.

El caos que vino del orden: el efecto mariposa, representado por el atractor de Lorenz, fue la primera criatura de un nuevo orden en el que el caos es un componente esencial. El comienzo de una nueva ciencia: la ciencia del caos.

http://www.librodenotas.com/