Recuerdas amor, la luz en el Arno?,
el resplandor en el cauce oscuro y su lento pasar?
Las piedras mojadas de luz, sus riveras cautelosas
y la imaginada Bice dominando la tarde de mayo,
¿recuerdas?
Sostenía la brisa el aroma perdido,
pero el aire al fin recuperaba
la donna angelicata desde el olvido
para nosotros, para acallar el quejido
que manaba de nuestros corazones a oscuras
en las puertas de aquella nueva vida
y aquel amor que nos elevaba.
ana
domingo, abril 20, 2014
lunes, marzo 31, 2014
FORGIVE ME
Poema El Recuerdo
de Samuel Taylor Coleridge
…El heno removido y los primeros frutos,
el heno removido y las mieses de un campo
dicen: se fué el estío. La digital, muy alta,
esparce campanillas de púrpura en el viento,
o cuando se remonta, rozándola, una alondra
o se posa un pinzón en su tallo. El rosal
(en vano predilecto de amores complacidos)
yérguese al modo de una belleza de otros tiempos,
con las espinas, pero se fueron ya las rosas.
Ni logro hallar, en mi paseo solitario,
junto a fuentes o arroyos o en húmedo camino,
la flor azul que brilla, mirando, en la ribera
y es gema de esperanza: el dulce nomeolvides.
Mas no han de marchitarse las flores que Emelina,
con dedos delicados, en la nevada seda
trazó ( bien sabe ella que son mis predilectas),
ni, más querido aún, su cabello de ámbar.
Versión de Màrie Montand
Mira,
se escapan los momentos que en el borde del invierno
resistieron a los fríos,
mira cómo nos miran estos pequeños gorriones
tan alegres que parecen refrescar el viento
y pintarlo de alegría.
Mira si puedes, como abandona este invierno
la cornisa de mi ventana y se llena la mañana
de brotada primavera,
mientras,
callan las últimas nieves en las montañas.
¿No ves cómo mis dedos florecen de nuevo
al calor tibio de este silencio azul
y me llenan tus palabras antiguas de placer?,
cómo escucho el zumbido de tus mariposas nocturnas
y es su canción como un arrullo en las noches?
Mira,
no puedo dolerme, lo sé,
pues no existes más que aquí dentro,
en el estúpido milagro que elabora esta alegría de estar viva
y estar aquí, y saberte
bajo el manto del recuerdo constante
y machacón,
como un estribillo que no puedes dejar de cantar,
de decir, de rezar.
Así estás todavía, por aquí,
en la vereda de mis andares,
y yo, sembrando flores azules
para que no me olvides.
ana
de Samuel Taylor Coleridge
…El heno removido y los primeros frutos,
el heno removido y las mieses de un campo
dicen: se fué el estío. La digital, muy alta,
esparce campanillas de púrpura en el viento,
o cuando se remonta, rozándola, una alondra
o se posa un pinzón en su tallo. El rosal
(en vano predilecto de amores complacidos)
yérguese al modo de una belleza de otros tiempos,
con las espinas, pero se fueron ya las rosas.
Ni logro hallar, en mi paseo solitario,
junto a fuentes o arroyos o en húmedo camino,
la flor azul que brilla, mirando, en la ribera
y es gema de esperanza: el dulce nomeolvides.
Mas no han de marchitarse las flores que Emelina,
con dedos delicados, en la nevada seda
trazó ( bien sabe ella que son mis predilectas),
ni, más querido aún, su cabello de ámbar.
Versión de Màrie Montand
Mira,
se escapan los momentos que en el borde del invierno
resistieron a los fríos,
mira cómo nos miran estos pequeños gorriones
tan alegres que parecen refrescar el viento
y pintarlo de alegría.
Mira si puedes, como abandona este invierno
la cornisa de mi ventana y se llena la mañana
de brotada primavera,
mientras,
callan las últimas nieves en las montañas.
¿No ves cómo mis dedos florecen de nuevo
al calor tibio de este silencio azul
y me llenan tus palabras antiguas de placer?,
cómo escucho el zumbido de tus mariposas nocturnas
y es su canción como un arrullo en las noches?
Mira,
no puedo dolerme, lo sé,
pues no existes más que aquí dentro,
en el estúpido milagro que elabora esta alegría de estar viva
y estar aquí, y saberte
bajo el manto del recuerdo constante
y machacón,
como un estribillo que no puedes dejar de cantar,
de decir, de rezar.
Así estás todavía, por aquí,
en la vereda de mis andares,
y yo, sembrando flores azules
para que no me olvides.
ana
domingo, marzo 02, 2014
...
Ciegas como luz a la que se mira fijamente
vuelves, regular como los solsticios a mi mente diminuta.
Escoges el silencio de las piedras,
el color de cualquier gema,
el sabor mineral del recuerdo.
Me recoges
como las moradas de piedra
recogen el eco del silencio de la noche,
manas
bajo el cortinaje de mi piel
como lo hace el agua de las escorrentías
que fluyen
bajo tu peso de sabio.
ana
vuelves, regular como los solsticios a mi mente diminuta.
Escoges el silencio de las piedras,
el color de cualquier gema,
el sabor mineral del recuerdo.
Me recoges
como las moradas de piedra
recogen el eco del silencio de la noche,
manas
bajo el cortinaje de mi piel
como lo hace el agua de las escorrentías
que fluyen
bajo tu peso de sabio.
ana
domingo, febrero 16, 2014
AQUELLAS NOCHES COMO GOLPES
Hay noches como golpes en la garganta
como aludes de nieve en los ojos abiertos
hay instantes, que el dolor se entreabre paso en las entrañas
y se instala desmedido.
Se entresacan fuerzas como doradas fibras
con las que trenzar un silencio y quietud infinitos
para dejarse deslizar corriente abajo descalza
y con el vestido adherido a las penas mojadas.
Hay golpes en el silencio y en la distancia
que renombran el dolor y la tristeza;
hay montañas que separan,
corrientes que se aceleran,
surcos y grietas por las que asoman las penas.
Hay espacios oscuros con musgos y quimeras,
enardecidas pasiones ocultas por la maleza;
y hubo sobretodo,
muchos espacios en blanco que no llenaron nuestros poemas.
ana
como aludes de nieve en los ojos abiertos
hay instantes, que el dolor se entreabre paso en las entrañas
y se instala desmedido.
Se entresacan fuerzas como doradas fibras
con las que trenzar un silencio y quietud infinitos
para dejarse deslizar corriente abajo descalza
y con el vestido adherido a las penas mojadas.
Hay golpes en el silencio y en la distancia
que renombran el dolor y la tristeza;
hay montañas que separan,
corrientes que se aceleran,
surcos y grietas por las que asoman las penas.
Hay espacios oscuros con musgos y quimeras,
enardecidas pasiones ocultas por la maleza;
y hubo sobretodo,
muchos espacios en blanco que no llenaron nuestros poemas.
ana
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