Imagen de la cabecera del blog: cuadro de la autora

jueves, junio 25, 2009

¡QUIÉN ME LO IBA A DECIR!


Para desnudarte, si quisiera desnudarte,
tendría que desabrocharte de la distancia,
soltar, uno a uno, cien momentos,
desencuentros,
bajar la cremallera de las renuncias
que con sus dientes dorados te atan.

Para hablarte, si quisiera hablarte,
no bastarían las palabras
ni mucho menos la voz ni el oído.
Si quisiera hablarte querría
estar, más bien en tu silencio.

Si quisiera llenar tus manos de horas,
de ahoras,
si quisiera,
te otorgaría la suerte del olvido
para que lo sintieras en el pecho.

Y más tarde, querría besarte,
y si quisiera besarte
y besar tu piel lacerada,
tendría que besarte despacio,
para llenar uno a uno esos huecos
sin dejarme niguno,
y apagar esa pálida luz
que no consigue encendernos.

Ya sabes tú cómo digo.

ana


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sábado, junio 20, 2009

EL PUERTO DE LA LUNA

Ando por el suelo, rezagada en la tarde que sucumbe alborotada entre la maleza de tu pelo, cosida por las agujas de los pinos, ando despacio tu brazo y sus senderos que conducen al callejón sin salida de tu espalda, confundida por la belleza de tu nuca, llanura que no abarca mi mirada. Ando a tientas por los dominios de tu pecho, ando los precipicios de tu cuello y me cuelo sin pudor entre tus labios a la intemperie de aquellos últimos besos.
ana
(A D.)



Fuentes del monumento a los Girondinos .
La fuente de la Plaza de los Quinconces, llamada "el monumento a los Girondinos" es una obra monumental que pudo haber desaparecido durante la 2ª Guerra Mundial. Afortunadamente, los caballos que hay hoy en día fueron colocados y se finalizó la restauración de todas las piezas en 1983.
Bordeaux, conocida popularmente como "El puerto de la luna" (Libourne-Arcachon), un día de calor, Agosto de 1987

jueves, junio 18, 2009

EL ESCAPISTA

Un mago no debería revelar sus trucos, pero te diré que no es tan difícil hacer surgir panes de un cesto si éste dispone de doble fondo, y que unos simples tablones, convenientemente situados bajo el agua, bastan para hacer creer a cualquier iluso que es posible caminar sobre la superficie de un lago. En cuanto a aquel hombre cuyos ojos sané, jamás en su miserable vida había estado ciego: se llamaba Hulellah y obtuvo una buena recompensa a cambio de hacer su papel... Ahora, escúchame bien: los soldados no van a clavarme al madero; en realidad, me amarrarán las muñecas con tendones de cerdo y untarán mis brazos con la sangre de algún animal: les he pagado veinte denarios a cada uno por participar en el engaño. Previamente, tú deberás haber depositado agua y víveres en el interior del sepulcro. Luego, una vez que me hayan dejado allí, harás rodar la piedra que cubre la entrada para que pueda escapar. Procura que nadie te vea. Y recuerda esto, José de Arimatea: deberás hacerlo antes del tercer día.

MANUEL MOYANO

Manuel Moyano (Córdoba, 1963) reside en Molina de Segura (Murcia). Ha publicado tres libros de relatos: El amigo de Kafka, que obtuvo el Premio Tigre Juan 2002, El oro celeste (2003) y El experimento Wolberg (2008), así como la plaquette de microrrelatos El Imperio de Chu (2008). Es autor también de la novela La coartada del diablo (Premio Tristana 2006), y del libro misceláneo La memoria de la especie (2005). Asimismo es autor de títulos que participan de la narrativa, el ensayo antropológico y el libro de viajes, como Dietario mágico (2002), Galería de apátridas (2004) y El lobo de Periago (2005).

Espero que lo disfrutéis.
ana

lunes, junio 15, 2009

GOTERAS

Llueve la gotera incansable de tu no estar
llenando el cubo de zinc de mi tristeza.
Un agua corroída de impulsos oxidados
agitándose en el fondo tembloroso y rojizo.
Y me digo, ya rebosa el vaso,
su agua maloliente y sucia,
es hora de vaciarse del poso
de la herrumbre sumergida.
Es hora, me digo, de reparar las tejas
de arrancar musgos y helechos de sus lomos,
de recolocar sus canales y cobijas.
Llueve con lluvia de Abril en un Junio de paso,
rostro y veredas húmedos de distancia.
Se llena el cubo del agua de la ausencia
y calla su úlltima vez.

Es la hora, diminuta gota,
vuelco el cubo por el ventanuco alto;
abajo, desde tu rostro me miras
con mirada de nido muerto y de pájaro.
ana