Genial!!
Qué tipo de fuerza de atracción
hace que, eternamente, ocurra
y ocurra?,
¿por qué clase de montaña
me empeño una y otra vez
en empujar como Sisifo,
obstinada
mi particular piedra,
arriba...arriba,
bien arriba, bien fuerte,
aun cuando sé que caerá
estrellándose en mi cara?
¿Quién forjó esta destreza en mí,
quién me asignó tal fuerza,
tan insistente costumbre
tanta y tanta
falta de memoria?
La enfermedad emocional
que me empuja una vez más
en este circular viaje,
-del cual nunca salgo
ilesa-
me perturba.
Me pregunto sin respuesta:
¿Hacia dónde me lleva
esta inercia perversa?
¿Podré curarme de esta
fatigosa ceguera?
ana
viernes, mayo 17, 2013
domingo, mayo 05, 2013
ROMPIENTE
He escuchado la marea incitando
mi rostro encarado a la costa,
sumergido en la sal del aire
ha sonado en la rompiente un quejido
han sonado
la ausencia y el desamparo.
Ha rugido el futuro
incierto hasta el cansancio
ha dejado su escarcha sobre la arena mojada.
Me he vuelto pequeña, rugida,
abandonada al silencio que surca
cada camino de mi agua,
y ha sido solo la luz interior, el silencio,
la aleación de la verdad y mi soledad
la que ha materializado esta sonrisa tonta que ves.
ana
mi rostro encarado a la costa,
sumergido en la sal del aire
ha sonado en la rompiente un quejido
han sonado
la ausencia y el desamparo.
Ha rugido el futuro
incierto hasta el cansancio
ha dejado su escarcha sobre la arena mojada.
Me he vuelto pequeña, rugida,
abandonada al silencio que surca
cada camino de mi agua,
y ha sido solo la luz interior, el silencio,
la aleación de la verdad y mi soledad
la que ha materializado esta sonrisa tonta que ves.
ana
lunes, abril 29, 2013
CONTEMPLACION
La primavera se apresura entre el ritmo invernal, decidida, sin ser oída siquiera, sin rémora pero a solas como siempre. Aun perdura la escarcha en sus párpados de seda blanca, cuando tímidamente entreabre sus ojos fríos. Suenan unas campanas en esta mañana de Abril, suenan huecas y desamparadas, secas. Son ecos de pueblo pequeño adormecido entre los olivares y las llanuras.
Un rayo delicado, de luz inmediata y definitiva derrama su claridad sobre las cosas de siempre y hace que aparezcan nuevas, sorprendentes. La brisa del mar, tan cerca! Huele el aire a melodía de silencio, el campo a verde quietud sin tiempo, el trino de la soledad agita sus alas pequeñas. Estoy sola, como lo está el campanario, quieta como las piedras, silenciosa como los campos. Se acumula el peso del placer en mis párpados cerrados, sostengo la melodía, aspiro el aire de las encinas iluminadas. Soy feliz. Adentro todo es oro y trigo verde esperando el murmullo de la brisa y la tarde avecinada. Bajo las manos, esta tierra caliente fue mecida en otras manos hoy ausentes.
Abril 2013
ana
Un rayo delicado, de luz inmediata y definitiva derrama su claridad sobre las cosas de siempre y hace que aparezcan nuevas, sorprendentes. La brisa del mar, tan cerca! Huele el aire a melodía de silencio, el campo a verde quietud sin tiempo, el trino de la soledad agita sus alas pequeñas. Estoy sola, como lo está el campanario, quieta como las piedras, silenciosa como los campos. Se acumula el peso del placer en mis párpados cerrados, sostengo la melodía, aspiro el aire de las encinas iluminadas. Soy feliz. Adentro todo es oro y trigo verde esperando el murmullo de la brisa y la tarde avecinada. Bajo las manos, esta tierra caliente fue mecida en otras manos hoy ausentes.
Abril 2013
ana
domingo, abril 21, 2013
DE CORONAS Y HERIDAS
...
Este es el día en que yo reino, triste,
está es la noche que me echó de hinojos;
y rezo: que algún día mi corona
pueda alzar de mi frente.
De su sorda opresión he de ser siervo:
¿no puedo, en recompensa, ni una vez
contemplar, cara a cara. sus azules
turquesas, sus brillantes y rubíes?
¿Quizá murió hace mucho el resplandor
de las piedras: quizá me lo robó
mi huésped, el pesar: quizá no había
piedras en la corona que me dieron?...
Poesías Juveniles
Rainer M.Rilke
Una noche sonó la pesadumbre
y presentí la música estelar tras las piedras,
me abandoné al silencio
escuché las notas del latir interno
en la infinita soledad que emana de los rasguños,
en la negra sangre con que se mancha el rostro.
Esta enfermedad se sufre casi siempre con la piel marchita
con los párpados casi cerrados
con las manos manchadas de nostalgia.
La noche suele entonces triturar la vida,
devorarla
con su balanceo sinuoso en el que esconde su tortura.
Se complace incluso con nuestro desvelo,
nos zarandea a gusto.
Se nos hielan los dedos del amor
porque las manos no se movieron a tiempo
y temblamos con el frío de tanto raso
bajo nuestras nucas acomodadas.
Aún así, seguimos postrándonos de hinojos
ante cualquier haz de luz que penetre en nuestras vidas,
y nos volvemos adolescentes al galope,
desbocados.
ana
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