Imagino como debe de ser:
beber el agua sin tocar el vaso,
comer los frutos sin mover las hojas
encontrar el silencio servido en bandeja
mientras los niños intentan sonreír
sin dentadura.
Pienso en la mirada sencilla del campo
en la limpia palabra de quien nada espera,
en la luz que sacia y el silencio que llena
en los viejos que intentan no morir de pena.
Intento no tocar fondo mientras nos hunden,
no pisar el trozo pequeño de cualquier parcela
que alguien, con tiento, cubre con mirtos
para protegerse de la intemperie y de la gangrena.
ana
...
Mira la nieve humilde de la cima
tutelar,
donde se cierra el círculo
que se abriera en tu infancia,
donde se abre la noche del ser
en la luz que es más luz,
donde ya no hay preguntas
ni respuestas.
...
De "Signos en la piedra"
Antonio Colinas
miércoles, octubre 09, 2013
PARA MORIR
Muerto el verano,
apoya su cabecita de niño sobre cojines de seda blanca.
Velamos su muerte anunciada,
huelen las velas a tarde de sol y contraventanas cerradas.
Sentados bajo la sombra fresca de los abedules
el sol anuncia su fugaz huída,
duele la tarde y esta luz del sur
que aun se musita, palidece.
Ninguna sombra de este último día
nos consuela de tanta mentira,
ningún cielo nos tapará las piernas durante esta larga velada.
No consolará nuestra pena la música de las adormideras
porque caen rodando río arriba
los escombros de las estrellas.
ana
apoya su cabecita de niño sobre cojines de seda blanca.
Velamos su muerte anunciada,
huelen las velas a tarde de sol y contraventanas cerradas.
Sentados bajo la sombra fresca de los abedules
el sol anuncia su fugaz huída,
duele la tarde y esta luz del sur
que aun se musita, palidece.
Ninguna sombra de este último día
nos consuela de tanta mentira,
ningún cielo nos tapará las piernas durante esta larga velada.
No consolará nuestra pena la música de las adormideras
porque caen rodando río arriba
los escombros de las estrellas.
ana
lunes, septiembre 30, 2013
Se espera
que todos entremos en el círculo,
que la cuerda nos sujete bien el cuello.
Se espera que no nos movamos demasiado
que, callados, no se oiga nuestro grito,
se espera que cubramos nuestros rostros
con la túnica del silencio y el conformismo.
Quién espera?
Nos aprietan la esperanza,
atan fuerte nuestros sueños
para que se desvanezcan como el humo
con el viento, con el tiempo.
Matan, matan,
lentamente gota a gota
o a pasos agigantados como este.
Llegamos casi desnudos, sin aliento
a este prado seco y estéril,
nuestras aves en el suelo
como fantasmas de la noche
balan la canción nefasta
de la resignación.
ana
que la cuerda nos sujete bien el cuello.
Se espera que no nos movamos demasiado
que, callados, no se oiga nuestro grito,
se espera que cubramos nuestros rostros
con la túnica del silencio y el conformismo.
Quién espera?
Nos aprietan la esperanza,
atan fuerte nuestros sueños
para que se desvanezcan como el humo
con el viento, con el tiempo.
Matan, matan,
lentamente gota a gota
o a pasos agigantados como este.
Llegamos casi desnudos, sin aliento
a este prado seco y estéril,
nuestras aves en el suelo
como fantasmas de la noche
balan la canción nefasta
de la resignación.
ana
jueves, septiembre 12, 2013
UN AMOR UN TANTO PARTICULAR
Corro hacia el mar, espera líquido,
aspiro el olor del salitre cristalino y caliente.
Cierro los ojos, vuelves, vuelven tus poemas,
(aquel verano escribías estrellas).
Se quedaron algunas agazapadas en mi alma
apuntando al sur donde habitan los hados.
Sin fuerza comprimo el recuerdo
por leer de nuevo en aquellos astros,
y miro hacia dentro donde solo tu supiste llegar con ellos.
El cansancio, el conflicto y, clara, tu ternura,
siempre cerca de estos dedos que no alcanzan a decirte —todavía—
lo mucho que te añoro.
ana
aspiro el olor del salitre cristalino y caliente.
Cierro los ojos, vuelves, vuelven tus poemas,
(aquel verano escribías estrellas).
Se quedaron algunas agazapadas en mi alma
apuntando al sur donde habitan los hados.
Sin fuerza comprimo el recuerdo
por leer de nuevo en aquellos astros,
y miro hacia dentro donde solo tu supiste llegar con ellos.
El cansancio, el conflicto y, clara, tu ternura,
siempre cerca de estos dedos que no alcanzan a decirte —todavía—
lo mucho que te añoro.
ana
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