[...]Hay entre todas tus memorias, una que se ha perdido irreparablemente..."
Fragmento de "Límites", J.L.Borges
Cuando nombro los juncos
sopla el viento y dobla tu nombre.
Cuando desdoblo tus palabras
gime la conciencia, llora azul la noche.
Cuando presiento tu tristeza
se oscurece el blanco costado de mi alma;
se horadan los perfiles de lo cierto,
se mece mi rutina a destiempo.
Al caer los días,
caen despacio algunas cosas
no dejan ruido, ni broza, solo silencio
y quietud de flores .
Al inclinarme en tu verso,
oigo el latir profundo de tu pecho
como ave melancólica sobrevuelo tu silencio
hago círculos profundos sobre tu cielo negro.
ana
lunes, noviembre 26, 2012
CLARIDADES SUCESIVAS
Nada volverá a ser igual en el paseo del recuerdo
la nieve cubre ya tanto el sendero de las imágenes
que me recibían cada noche!...
Se borra, desagua su líquida existencia, blanca
sobre mi piel arrugada,
sencillamente sé que nada volverá
a ser igual.
Pero supongo que hay aceras
que prefieres, por costumbre:
puertas que cruzas por inercia,
ventanas abiertas siempre.
Hay senderos que se caminan descalzo
aún con el frío,
huecos en el pecho que vienen siempre con uno
heridas que se abrieron y que nunca cerrarán.
Hay pan duro en las alacenas del alma
alborotos en el interior del cuerpo,
pájaros que chocan desorientados.
Hay desorden, hay escarcha,
nieva,
hiela,
se pasa la vida.
ana
Las cosas no han cambiado tanto.
la nieve cubre ya tanto el sendero de las imágenes
que me recibían cada noche!...
Se borra, desagua su líquida existencia, blanca
sobre mi piel arrugada,
sencillamente sé que nada volverá
a ser igual.
Pero supongo que hay aceras
que prefieres, por costumbre:
puertas que cruzas por inercia,
ventanas abiertas siempre.
Hay senderos que se caminan descalzo
aún con el frío,
huecos en el pecho que vienen siempre con uno
heridas que se abrieron y que nunca cerrarán.
Hay pan duro en las alacenas del alma
alborotos en el interior del cuerpo,
pájaros que chocan desorientados.
Hay desorden, hay escarcha,
nieva,
hiela,
se pasa la vida.
ana
Las cosas no han cambiado tanto.
viernes, noviembre 16, 2012
NITIDEZ
Van perdiendo nitidez las palabras que hablan de ti
igual que las piedras se alisan con los años
se pierde la palabra dicha en el surco del olvido
arrinconada e inútil, inservible.
Son precisos los ojos que miran
preciso el ser para ser
necesaria piel
en el intermedio de tanto discurso.
Se constata que el silencio incluso
es brillante en el tacto,
y que son tus dedos y los míos
los verdaderos milagros.
Pero mira, -me dices-
y yo miro y no veo;
en la lejanía, tu distancia de espera,
impone su ritmo.
Pero en cambio,
si toco tu cintura y tu vientre
extendido a lo largo de mis manos
sé que nada se le parece.
ana
igual que las piedras se alisan con los años
se pierde la palabra dicha en el surco del olvido
arrinconada e inútil, inservible.
Son precisos los ojos que miran
preciso el ser para ser
necesaria piel
en el intermedio de tanto discurso.
Se constata que el silencio incluso
es brillante en el tacto,
y que son tus dedos y los míos
los verdaderos milagros.
Pero mira, -me dices-
y yo miro y no veo;
en la lejanía, tu distancia de espera,
impone su ritmo.
Pero en cambio,
si toco tu cintura y tu vientre
extendido a lo largo de mis manos
sé que nada se le parece.
ana
miércoles, octubre 31, 2012
COMPLETAMENTE OCTUBRE, concierto para una voz
...la tinta es un día con voluntad de lluvia...
Luis García Montero
Escribimos poemas, escribimos muros apagados
que circundan nuestro yo pequeño,
nos acercamos, casi rozamos el núcleo, intacto desde la infancia.
Pisamos la cascarilla de nuestro no saber, de nuestro no poder
y dentro de las piedras se conservan intactas nuestras termitas.
Ciegas se revuelven hacia nuestros ojos y nos devoran la mirada,
nos hacen cosquillitas en la palma de la mano
en el surco sin fondo de la piel del alma,
nos recuerdan lo que no somos,
lo que no fuimos,
lo que nunca seremos.
ana
Luis García Montero
Escribimos poemas, escribimos muros apagados
que circundan nuestro yo pequeño,
nos acercamos, casi rozamos el núcleo, intacto desde la infancia.
Pisamos la cascarilla de nuestro no saber, de nuestro no poder
y dentro de las piedras se conservan intactas nuestras termitas.
Ciegas se revuelven hacia nuestros ojos y nos devoran la mirada,
nos hacen cosquillitas en la palma de la mano
en el surco sin fondo de la piel del alma,
nos recuerdan lo que no somos,
lo que no fuimos,
lo que nunca seremos.
ana
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