«Ahora eso yace en el agua indiferente y dispersada... allí donde no hay más que la igualdad de humor de las piedras arrojadas» Lou Andreas Salomé a R.M.R.
El espacio entre el silencio y el susurro crece lento, sopla en mi oído como un viento frío. Cruza las crestas de los tejados desde lejos llega asomando sus labios y me habla en un idioma que no entiendo, pero intuyo.
Sin duda es mi memoria la que me habla, y son a mis silencios, a los que contesto. Mis huecos los que sucumben ante este temporal de calma.
Pertenece el dolor a mi costado como son del puerto sus barcos, contienen ese silencio tus labios encallados en mi boca.
Y voy doblando lunas como quien dobla la ropa en la noche, mientras recorro el pasillo de una soledad que viste de blanca luz pero desafina.
Estás luego, Tú y tus suaves manos (aún de uvas) y estás Tú, de carne y hueso en mi piel de gallina y en mi vello, anidando. ana
A cada uno le llega el día de pronunciar el granSí o el gran No. Quien dispuesto lo lleva Sí manifiesta, y diciéndolo progresa en el camino de la estima y la seguridad. El que rehusa no se arrepiente. Si de nuevo lo interrogasen diría no de nuevo. Pero ese no -legítimo- lo arruina para siempre.
(Constantino Kavafis, trad. por José María Álvarez)
Reparo en el detalle de que Cavafis se ahorra el “per viltade” (“por cobardía”). Biblia de Casiodoro de Reina: Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas, porque en el sepulcro, donde tu vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría (Eclesiastés, IX,10).
Algún tiempo después de esto, y alguno antes del de Kavafis, Voltaire escribió: Gozad de la vida, que es poca cosa, esperando la muerte, que es nada. Pero ya les avisé, no me tomen demasiado en serio.
...El informe del forense desveló que no había rastro de sustancias ilegales ni alcohol en su sistema a la hora de su muerte. Lo que si encontró en su sangre fueron anti depresivos y medicación contra el trastorno por déficit de atención con hiperactividad ...
No te das cuenta pero tu silencio traspasa cualquier sintagma, anuncia el cansancio y exuda cobardía rendido ante las ganas, que otros dicen prudencia, se forja la ruina.
Se van quedando arrugados la mano, los dedos del alma y mientras tanto cualquier verbo se nos atraganta.
Suena hueco el vacío, y te extrañas de que palabras
-antes enormes- no signifiquen nada. Los hombres, diminutos corales los nombres, enormes cobardes
se cuentan por miles y, sabes? te presentía imposible. ana
¿Queríamos separarnos? ¿Era lo justo y lo sabio? ¿Por qué nos asustaría la decisión como si fuéramos a cometer un crimen? ¡Ah! poco nos conocemos, pues un dios manda en nosotros.
¿Traicionar a ese dios? ¿Al que primero nos infundió el sentido y nos infundió la vida, al animador, al genio tutelar de nuestro amor? Eso, eso yo no lo hubiera permitido.
Pero el mundo se inventa otra carencia, otro deber de honor, otro derecho, y la costumbre nos va gastando el alma día tras día disimuladamente.
Bien sabía yo que como el miedo monstruoso y arraigado separa a los dioses y a los hombres, el corazón de los amantes, para expiarlo, debe ofrendar su sangre y perecer.
¡Déjame callar! Y desde ahora, nunca me obligues a contemplar este suplicio, así podré marchar en paz hacia la soledad, ¡y que este adiós aún nos petenezca!
Ofréceme tú misma el cáliz, beba yo tanto del sagrado filtro, tanto contigo de la poción letea, que lo olvidemos todo amor y odio!
Yo partiré. ¡Tal vez dentro de mucho tiempo vuelva a verte, Diotima! Pero el deseo ya se habrá desangrado entonces, y apacibles como bienaventurados nos pasearemos, forasteros, el uno cerca al otro conversando, divagando, soñando, hasta que este mismo paraje del adiós rescate nuestras almas del olvido y dé calor a nuestro corazón.
Entonces volveré a mirarte sorprendido, escuchando como otrora el dulce canto, las voces, los acordes del laúd, y más allá del arroyo la azucena dorada exhalará hacia nosotros su fragancia.
...Diotima, "que me enseñó las cosas del eros", según recuerda Sócrates, añade varios matices fundamentales a todo lo que han dicho quienes hablaron antes que ella. La extranjera de Mantinea cuenta, además, el origen de este dios o daimon que "no es ni bello ni feo, ni bueno ni malo", sino algo intermedio -metaxy- entre los dioses y los humanos. Y precisamente en ese carácter de mediador radica la fuerza de Eros, que levanta en los mortales un impulso hacia la hermosura, hacia el bien, hacia la sabiduría. Los dioses no filosofan, "porque ya tienen el saber". Tampoco, refiere Diotima, filosofan los ignorantes, porque la ignorancia en la que están sumidos les impide añorar el saber que se hace presente como filosofía, como forma incesante de amor, de tendencia y apego al verdadero conocimiento de la naturaleza que somos, de la naturaleza en la que estamos. La ignorancia es el castigo supremo de los hombres, y su reino es el de la oscuridad. Sólo el Eros, como divinidad mediadora, como comunicador de ideas, como alumbrador de miradas y sentimientos, quiere salir de la ignorancia levantando esa inagotable fuente de deseo que embellece e ilumina, a pesar de tantas limitaciones, nuestra siempre admirable condición carnal.
...¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste. La princesa está pálida) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe (La princesa está pálida. La princesa está triste) más brillante que el alba, más hermoso que abril! ...
Rubén Darío (Sonatina, 1893)
“Cuando se marcha el príncipe rojo es como el mar. No se ve. Pero está ahí”.
~*~
Entonces el beso conocía el norte y el sur, el este y el oeste de toda cartografía como si antes de labio en medio de la lluvia hubiera sido rosa de los vientos o brújula del corsario de los siete mares. Nada estaba preparado -dormían las leyendas su sueño abisal- y sin embargo no cabía margen alguno de error: cada noche atracaba en su alborada, cada zozobra en su bahía, cada deseo en su rompeolas. Así era el amor, volver a casa con la red llena de certidumbres nunca un naufragio en alta muerte silenciosa como ahora.
~ * ~ El que no sabe defender lo que es suyo no debería haber nacido.
II Y era verdad: el príncipe rojo me esperaba al otro lado del foso.
Rompió las cadenas que se entrelazaban como una hiedra sombría en el sol de mis trenzas, desató mi corpiño y pude aspirar el aire cuando el hielo era el único aire de mi pecho.
Por fin un hogar.
Por fin una silla y unas pieles, una ventana, para ver desfilar sin estremecerme al blanco ejército del invierno.
III Dulce y hermoso como la sangre el príncipe rojo ante mí.
Come y bebe del banquete de mi cuerpo hasta hartarte.
Hasta que la venganza deje de ser, por tu espada, la voz que clama en el desierto.
De "El príncipe rojo" (2005) ALMUDENA GUZMÁN
Soy vulnerable a tu lado más amable soy carcelero de tu lado más grosero soy el soldado de tu lado más malvado y el arquitecto de tus lados incorrectos soy propietario de tu lado más caliente soy dirigente de tu parte más urgente soy artesano de tu lado más humano y el comandante de tu parte de adelante soy inocente de tu lado más culpable pero el culpable de tu lado más caliente soy el custodio de tus ráfagas de odio y el comandante de tu parte de adelante perdiendo imágen a tu lado estoy mi vida mañana será un nuevo punto de partida soy vagabundo de tu lado más profundo por un segundo de tu cuerpo doy el mundo que más quisiera que pasar la vida entera como estudiante el día de la primavera siempre viajando en un asiento de primera el comandante de tu balsa de madera...