Acabaré de una vez por alcanzar un país de sonrisas. Una brisa formada de caricias ya me lleva hacia él. Se me invita, está ahí, me aguardan, se sabe que llego. Porvenir, puesto que debes, puesto que vas a invadirme, lleguemos a tiempo, escucha, más de prisa, acércate, atráeme, porvenir, puesto que debes, puesto que vienes...
Extiende tus sueños, desconocido, hazlo sin miedo, pierde la compostura si es necesario. Trencemos lo que segaste, alcemos a lo alto la coleta de los pensamientos inconscientes. Trencemos los instantes , contémonos los momentos de lujuria contenida esas aladas sombras que acompañaron las horas.
Olvidemos el pulular de los miedos. Animemos al remero a volver, al peregrino a quedarse esta noche, trencemos, una vez más, el hilo que brilla, que brilla y anuda nuestras esperanzas, las de ser ahora aunque sea tarde.
Recitemos el rosario de las descorazonadoras horas, cuentas de negro ónice.
Ahora.
Recemos la oración de la piel, lleguemos al final del mundo arrodillados uno frente a otro, yo frente a ti, tú frente a mi, nuestras frentes chocando, horadando la membrana de la noche, que separa, que oculta los rostros resignados con su olor a humedad y a labios perdidos.
ana
"DEATH and REBIRTH",suite para Violoncello (J.S.Bach)
¿DÓNDE?¿Me extravié en la fiebre? ¿Detrás de las sonrisas? ¿Entre los alfileres? ¿En la duda? ¿En el rezo? ¿En medio de la herrumbre? ¿Asomado a la angustia, al engaño, a lo verde?... No estaba junto al llanto, junto a lo despiadado, por encima del asco, adherido a la ausencia, mezclado a la ceniza, al horror, al delirio. No estaba con mi sombra, no estaba con mis gestos, más allá de las normas, más allá del misterio, en el fondo del sueño, del eco, del olvido. No estaba.
Salía del cine, un Western de efecto sin efecto, (nefasto y lento) y aquel suceso, la habían puesto de mal humor. Ya había oscurecido. De camino al metro aún tenía la sensación de desagrado retumbando en sus oídos. "¡Qué asco!" Aquellas palabras y un espectador cambiándose de sitio unas filas más atrás habían hecho que ella pensara en su propio olor y se preguntara si realmente podía llegar a ser tan molesto para alguien. Subió al metro, no había asientos vacíos y tuvo que agarrarse a uno de los asideros del techo. Un hombre pelirrojo, de mediana edad puso su mano junto a la de ella. Camiseta naranja, mochila, aquella cara... le recordaba: era otro espectador que acababa de ver en la primera fila de butacas tomando apuntes. Sus manos permanecieron juntas dos estaciones, sus brazos alzados por el oscuro pasillo hacia Sol. Aún le retumbaba en los oídos aquel "¡Qué asco!" cuando el pasajero de camiseta naranja recolocaba su torso girándolo hacia la cara de ella, y entonces, hasta su nariz había llegado el olor casi olvidado de un cuerpo masculino. Se bajó en Estrecho, aquella voz sin vida había anunciado la estación. Ya en el hotel, mientras se desnudaba, acercó a su cara el vestido que acababa de quitarse, lo olió escudriñando cada matiz e intentando adivinar la causa de aquellas palabras que la torturaron toda la noche. Su vestido olía a jabón y a si misma. Le gustó. Recordó el olor del hombre del metro, y mezcló ambos en su cabeza como intentando preparar un cóctel de media noche que le borrara el mal sabor de la película y de la soledad. Luego dormiría bajo los efectos embriagadores de aquel brebaje nocturno.
"Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo"... César Vallejo.
En estos días en que he cumplido años, en los que hago balance de una vida a medio recorrer, (pero, ¡quién sabe!), yo que siempre miraba las arrugadas almas con compasión de niña yo que he muerto ya mil veces de aburrimiento, y resucitado. Yo que dejé de lado mi sombra y ahora es ella quien me persigue queriendo vestirme de aniversarios, de décadas y Navidades, de quinquenios estúpidos que no hacen más que recordarme lo ya andado.
Ahora que ya he recorrido la mitad del camino, de mi vida, ¿qué haré con mis costados, llenos de poemas ? años escritos en renglones, en cuadernos de piel vuelta, vividos en cuarentena para no infectarme de la desidia que arruga el alma y la condena.