He escuchado decir alguna vez:
Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede cumplir.
Esta tarde no dejaré escapar
ni un solo pedazo
de esos
que dejas caer
bajo el vuelo circular de tu viaje.
Sola, retengo todos y cada uno
de los atrevimientos,
los cristalitos plateados
que fuiste dejando en la orilla
para mí.
Tuve suerte de que estuvieras por aquí.
Comprendo ahora el silencio a veces,
tu acera sin flores,
tu camino sin huellas.
Tengo piedad como dices,
tan solo tiento a la suerte
cuando leo bajito tu nombre
y me digo:
- qué demonios!
cuánto te quise!
ana
martes, abril 16, 2013
lunes, marzo 18, 2013
Cierro los ojos,
como presagio de una noche fresca
una suave brisa asciende por las colinas
y recoge mi abstracto pensamiento.
Vago en la silente tarde de Fiésole,
tra di noi,
testimonio de ti y de mí,
sus piedras que aun supuran amor
meditan también sus silencios moribundos.
Aúlla el día, sufre la noche,
chiudo gil occhi, como tú sabes,
para leer en esta malinconía
el texto de la tristeza
que aúlla como una loba perduta.
ana
ana
lunes, marzo 04, 2013
La impronta de tus poemas
no se dibuja en el papel de la calle
no se pinta en las aceras floridas
de esta primavera.
Estás en la boca del enigma
en el acantilado de la noche
con tus manos ciegas, con tu boca herida
condenado en el bosque y en la espesura.
Vestidas de rosas las flores del pantano
esconden sus espinas bajo las aguas
la esperanza se adormece en tus ojos cerrados
ya sin lágrimas.
En el fondo, reposa callado
un silencio azul como el invierno
reposa el oscuro pecado y la ira
del arrepentimiento.
Al comienzo el canto es lábil como los brotes de marzo
los ecos confusos mueren prematuros
sin florecer,
sin su carne perfumada, colmada de verdes.
Entro en ese bosque sagrado de tus silencios
en ese templo antiguo de tus símbolos
tan familiares!
Evoco esos ecos adormecidos en las aguas
en el poso profundo de la existencia,
te invoco como la noche invoca al día,
en silencio y a oscuras.
Hay una frescura innata en las mañanas
cuando respondes con tus melodías calladas,
hay algo de esas claridades sucesivas
en todo este manglar nocturno
donde flotan solitarias
las flores muertas de nuestros versos.
ana
no se dibuja en el papel de la calle
no se pinta en las aceras floridas
de esta primavera.
Estás en la boca del enigma
en el acantilado de la noche
con tus manos ciegas, con tu boca herida
condenado en el bosque y en la espesura.
Vestidas de rosas las flores del pantano
esconden sus espinas bajo las aguas
la esperanza se adormece en tus ojos cerrados
ya sin lágrimas.
En el fondo, reposa callado
un silencio azul como el invierno
reposa el oscuro pecado y la ira
del arrepentimiento.
Al comienzo el canto es lábil como los brotes de marzo
los ecos confusos mueren prematuros
sin florecer,
sin su carne perfumada, colmada de verdes.
Entro en ese bosque sagrado de tus silencios
en ese templo antiguo de tus símbolos
tan familiares!
Evoco esos ecos adormecidos en las aguas
en el poso profundo de la existencia,
te invoco como la noche invoca al día,
en silencio y a oscuras.
Hay una frescura innata en las mañanas
cuando respondes con tus melodías calladas,
hay algo de esas claridades sucesivas
en todo este manglar nocturno
donde flotan solitarias
las flores muertas de nuestros versos.
ana
miércoles, febrero 20, 2013
SU ALA PALPITANTE
[...]Así, en el sueño inconsciente del alma infantil, apareció ya el poder mágico que consuela de la vida, y desde entonces así lo veo flotar ante mis ojos: tal aquel resplandor vago que yo veía dibujarse en la oscuridad, sacudiendo con su ala palpitante las notas cristalinas y puras de la melodía.
Luis Cernuda "La poesía", Ocnos.
(Antes de nada:
gracias por seguir viniendo.)
Me recojo, anido pequeña y redonda
concéntrica, abovedada y silente,
merodeo la frontera constante
entre la noche y el día, surcando
las ruinas, los despojos.
De entre todo,
el ángel,
que me derrota y me ignora
con sus dedos menudos y pálidos
acariciando mi frente mortal
se impone con su mesura
y su elegante desvanecerse.
Yo, la huida,
sin emoción que exude
mi poema.
Yo, mi puñado de polvo,
mis ruinas, mi agotamiento,
mi propio destierro
persiguiendo el huidizo acorde.
ana
Luis Cernuda "La poesía", Ocnos.
(Antes de nada:
gracias por seguir viniendo.)
Me recojo, anido pequeña y redonda
concéntrica, abovedada y silente,
merodeo la frontera constante
entre la noche y el día, surcando
las ruinas, los despojos.
De entre todo,
el ángel,
que me derrota y me ignora
con sus dedos menudos y pálidos
acariciando mi frente mortal
se impone con su mesura
y su elegante desvanecerse.
Yo, la huida,
sin emoción que exude
mi poema.
Yo, mi puñado de polvo,
mis ruinas, mi agotamiento,
mi propio destierro
persiguiendo el huidizo acorde.
ana
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