Imagen de la cabecera del blog: cuadro de la autora

viernes, junio 12, 2009

QUIETO

Quieto,
no muevas tu cuerpo,
estás sellado a mí, como la piedra a su lecho.
Si te marchases ahora dejarías el hueco
descolorido, el resto amarillento,
el vacío rastro.
Quieto,
no muevas tus manos,
deja que describan su propio surco
en la tierra de mi cuerpo,
muy adentro, cerca del manto ácido
de mi suelo.
Quieto,
abraza mi noche
con tus brazos de espesura
poderosos y lentos como raíces
arrancando el agua del centro de la tierra.

Respira en mi niebla, aullido de lobo acechando,
abrazando la foresta húmeda
y respira el olor a musgo
húmedo y oculto
bajo tu peso de sabio.

O escapa,

ahora
brama al cielo tu locura,
todo tu dolor y desarraigo en fuga,
quedará amarillo el rastro y el lecho muerto
bajo tu peso de piedra.

ana

sábado, junio 06, 2009

CONVERSACIONES CON MI JARDINERO

I

Ir a degüello,
cortar por lo sano:
parásitos y gusanos
huyendo.
Cortar las malas hierbas,
pszzszzszz, susurra
la guadaña afilada,
acero templado,
movimiento de ida y vuelta
cortando lo falso.
Troceados gusanos
huyendo del hábitat
concurrido y frecuentado
por falsos hados.

Crecerán rosas azules
en el borde de mi cuarto.



II

La poesía hay que sentirla
no hay nada que explicar,
hay que experimentar,
sentir,
se siente... con el corazón.
Esa,
la que me emociona,
la que me hace llorar,
la que me entusiasma y
está por encima de mis posibilidades,
esa, la inalcanzable.

ana



La muerte es como esa gran carpa, he tenido tiempo para pensar en ella, nada allí abajo, en alguna parte; sabes que está ahí aunque no puedes verla. Con la muerte pasa igual: es muda pero tiene una boca enorme y cuando la abre, ya estás dentro preguntándote qué te ha pasado. Te has muerto, nada más.

Estupendo video,con Álex Gorina, que aunque está en catalán, se entiende bien.
"Conversaciones con mi jardinero", un retrato impresonista de la vida, el arte y la naturaleza.

jueves, junio 04, 2009

PECADOS

Miedo e inconstancia, estos pasos apresurados que acuden a la morada lila de la costumbre. El verso permitido y la prudencia ante lo que no digo, ante lo que no hago, me empujan y empujan por la espalda. El misterio de la vida de los sueños y sus promesas incumplidas que destiñen de negro el fondo del armario en el que guardo con esmero los zapatos usados que pisaron tu suelo. Miedo a no recordar. Miedo a olvidar tu rostro, a seguir oliendo a viejo el resto de mi vida. Húmedos transeúntes alquitranando el suelo de mi morada lila, harapientos y esqueléticos como presos condenados a trabajos forzados. Inconstancia, letargo de la voluntad envuelta en la farándula de la vida que toca una música suave de verbena de pueblo al atardecer. Me dejo. Bailo al ritmo de la seda roja y de unos rizos.
ana

miércoles, junio 03, 2009

ALEJANDRA PIZARNIK, UNA DOLENCIA HECHA DE PALABRAS

Noche compartida en el recuerdo de una huida.

[...] Si fuertemente, a sangre y fuego, se graban mis imágenes, sin sonidos, sin colores, ni siquiera lo blanco. Si se intensifica el rastro de los animales nocturnos en las inscripciones de mis huesos. Si me afinco en el lugar del recuerdo como una criatura se atiene a la saliente de una montaña y al más pequeño movimiento hecho de olvido cae ---hablo de lo irremediable, pido lo irremediable---, el cuerpo desatado y los huesos desparramados en el silencio de la nieve traidora. Proyectada hacia el regreso, cúbreme con una mortaja lila. Y luego cántame una canción de una ternura sin precedentes, una canción que no diga de la vida ni de la muerte sino de gestos levísimos como el más imperceptible ademán de aquiescencia , una canción que sea menos que una canción, una canción como un dibujo que representa una pequeña casa debajo de un sol al que le faltan algunos rayos; allí ha de poder vivir la muñequita de papel verde, celeste y rojo; allí se ha de poder erguir y tal vez andar en su casita dibujada sobre una página en blanco. "

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FUGA EN LILA

Había que escribir sin para qué, sin para quién.
El cuerpo se acuerda de un amor como encender la lámpara. El silencio es tentación y promesa.
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“Pierdo la razón si hablo. Pierdo los años si callo”.




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La noche, de nuevo la noche,
la magistral sapiencia de lo oscuro,
el cálido roce de la muerte,
un instante de éxtasis para mí,
heredera de todo jardín prohibido.Pasos y voces del lado sombrío del jardín.
Risas en el interior de las paredes.
No vayas a creer que están vivos.
No vayas a creer que no están vivos.
En cualquier momento la fisura en la pared
y el súbito desbandarse de las niñas que fui.Caen niñas de papel de variados colores.
¿Hablan los colores? ¿Hablan las imágenes de papel?
Solamente hablan las doradas y de ésas no hay ninguna por aquí.Voy entre muros que se acercan, que se juntan.
Toda la noche hasta la aurora salmodiaba:
“Si no vino es porque no vino”.
Pregunto. ¿A quién?
Dice que pregunta, quiere saber a quién pregunta.
Tú ya no hablas con nadie.
Extranjera a muerte está muriéndose.
Otro es el lenguaje de los agonizantes.He malgastado el don de transfigurar a los prohibidos
(los siento respirar adentro de las paredes).
Imposible narrar mi día, mi vía.
Pero contempla absolutamente sola la desnudez de estos muros.
Ninguna flor crece ni crecerá del milagro.
A pan y agua toda la vida.
En la cima de la alegría he declarado acerca de una música jamás oída.
¿Y qué? Ojalá pudiera, vivir solamente en éxtasis,
haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo,
rescatando cada frase con mis días y con mis semanas,
infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra
de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir.

Alejandra Pizarnik (1936/1972)