Dulce fantasma, ¿por qué me visitas como en otros tiempos nuestros cuerpos se visitaban? Me roza la piel tu transparencia, me invita a rehacernos caricias imposibles: nadie recibió nunca un beso de un rostro consumido. Pero insistes, dulzura. Oigo tu voz, la misma voz, el mismo timbre, las mismas leves sílabas, y aquel largo jadeo en que te desvanecías de placer, y nuestro final descanso de gamuza. Entonces, convicto, oigo tu nombre, única parte tuya indisoluble música pura en continua existencia. ¿A qué me abro?, a ese aire imposible en que te has convertido y beso, beso esa nada intensamente. Carlos Drummond de Andrade. Versión de Ángel Crespo Escultura: Pieza de la exposición "Pompeya y Herculano", La sombra del Vesubio