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jueves, diciembre 01, 2011

VEN, VEN.

[...] allí
se extingue lo que del lenguaje
también te ha retirado con un gesto,
lo que dejabas iniciarse como
la danza de dos palabras sólo hechas
de otoño y seda y nada.
Paul Celan: Ciégate



Lo que es,
lo que fue importante para mí
veo que no lo fue para ti,
siento una gran pérdida por ello,
creo que te he perdido, que te perdí,
que he perdido todo,
mi secreto,
aquel truco para evadirme de la soledad,
la ilusión.
El fantasma del deseo,
y tú,
habéis huido por el camino
de la libertad y el derecho a ser.
El alivio y la soledad,
la voz de mis lágrimas,
abriendo la puerta y diciendo adiós.

No soportamos enfrentarnos a nuestros deseos
por eso los reprimimos, ¿no es así?
Verdad descolocada o falsedad
como una mano, dos caras
un mismo rostro: el nuestro.

Me pregunto:
¿ te conoces a ti mismo?

Nos volvemos extraños, amigo mío.
La puerta del recuerdo, del dolor,
cerrada bajo siete llaves,
deja vacía la morada
y la piel vuelve a callar.

La vanidad se sienta en su trono
en su palacio de cristal,
pero el látigo nemesiano azota tu costado
y la sangre del lago no refleja más que un rostro oscuro.
Eco nos devuelve la pena...

la pena, la pena.


ana


domingo, noviembre 20, 2011

A TIENTAS

Cuarto cerrado, cuarto menguante
grietas y puentes cayendo...
al vacío,
ensambladas mentiras del desaliento
contenida mirada en la pared del viento.
Entre tú, entre el no,
en el acaso de un eco parecido al de tu playa
entretenida vaciando el frasco de las dudas
contando las perlas desprendidas
del collar doble de tu garganta.
Prendida tan sólo la luz de la memoria
repasando la risa desmembrada
respirando el humo de tu nada
escondida tras el verde-gris
de lo que muere.
Me tienta el umbral de tu existencia,
a tientas,
de tu tinta a la tortura oscura
de tu negro cortinaje, a la fiesta muda
que supones y me impones.
De ti, a tientas.

ana

[Para A.]

viernes, noviembre 04, 2011

PEQUEÑAS MENTIRAS... Y SU IMPORTANCIA

"En la otra orilla de la noche
el amor es posible
-llévame-
llévame entre las dulces sustancias
que mueren cada día en tu memoria."

El olvido. Alejandra Pizarnik.



Un cofre espera afuera, en la puerta de un circo,
las palabras asoman y se derraman
sobre la arena aun llena de lluvia.
Un espectro hace piruetas sobre un hilo de seda
y una red de distancia cubre su caída.
Son punzantes los clavos del tedio
la cama de la tarde,
oscuro el cajón del mago,
ahogados los poemas del solitario saltimbanqui
que llora escondido tras las cortinas de terciopelo.
Una trapecista mueve sus alas sobre la ciudad nocturna
mientras abajo alguien barre sus plumas blancas.
Un gigante de poemas pone flores entre mis dedos,
me enciende de luciérnagas el cuerpo,
sopla suavemente en mi pelo
y salen volando todos los pájaros de mi pecho.
ana

domingo, octubre 30, 2011

POR LOS ANIVERSARIOS Y LOS MAGOS

Por nuestro aniversario:
Quiero seres de infinito, aquí y ahora, un pacto de eternidad entre tu y yo, iguales, no este desvanecimiento tan líquido, tan pequeño, no diluirme en la voz de mis poemas, reivindico mi voz auténtica para que tú desees oírla y vengas a escucharla.
ana




Mi admiración hacia Jacques Tati y su alter-ego, Monsieur Hulot viene de antaño. Por ello es motivo de alegría que se haya rescatado tanto a uno como a otro al adaptar un guion del primero que asume a alguien muy parecido al segundo como protagonista. "El ilusionista" ("L'illusionniste", 2010), cuyo estreno en España se produjo la tarde del pasado día 7, parte de una historia que escribió hace más de cincuenta años el guionista y director francés y que no había recibido por aquel entonces otro título que "Film Tati nº 4". La hija del autor, que ya había estado muy implicada en los procesos de restauración de otras de las películas de su padre, ha sido en parte responsable de que el argumento se rescatase de los archivos del Centro Nacional de la Cinematografía. Sylvain Chomet ha aportado su música y su animación para convertir el pequeño relato melancólico en una joya mágica; siempre tan unidas la melancolía y la magia.

El mago torpe y triste, que lleva como apelativo artístico el verdadero apellido del cineasta de origen franco-ruso-ítalo-neerlandés, Tatischeff, se mueve, se viste y se comporta como ese M. Hulot poco dotado para las relaciones sociales y para deambular por el mundo absurdo y demasiado invadido por la modernidad de los años sesenta y setenta. "El ilusionista", anterior a ellas, no tiene la carga crítica a esa sociedad que puedan tener "Mi tío" o "Playtime", ni tampoco el humor visual de "Las vacaciones de M. Hulot" o la acidez observadora del cine de Tati en general. Pero sí guarda de él la sencillez de un personaje que, sin decir nada, lo expresa todo. Y su cercanía y capacidad emotiva son mayores que las de sus películas. Al transformarse en muñeco animado, Tati-Hulot cobra un encanto que superan el del ser de carne y hueso que vimos en imagen real.

"El ilusionista" http://www.lillusionniste-lefilm.com/#/histoire nos habla del final de una época. Los números de magia, así como los de payasos, ventrílocuos y otros hombres-espectáculo están siendo desbancados por las actuaciones de cantantes de moda que vuelven locas a las jovencitas y por grandes despliegues vodevilescos o teatrales. Los artistas se ven abocados a un paro inevitable, si no a destinos aún más desgraciados. Este momento fatídico, que se vivió entonces, puede extrapolarse a situaciones generales presentes o a circunstancias personales muy habituales, por lo que la desolación de lo mostrado se contagia fácilmente a cualquiera que quiera aprovechar la ocasión para reflexionar sobre su vida. Hallamos un momento que recordaría al triste final de "Humberto D", de Vittorio de Sica. Con esto no quiero decir que la película sea trágica o que se hunda en el dramatismo, pues tiene muchos destellos de humor y demuestra la delicadeza de dejar las desgracias casi siempre fuera de campo o de mostrarlas de modo elíptico.

En el largometraje anterior de Chomet, "Bienvenidos a Belleville" ("Les triplettes de Belleville", 2003), la animación, la música y el tipo de dibujos eran de una tremenda belleza. No obstante, el contenido se mostraba parco y, por ende, el conjunto llegaba a hacerse tedioso y carente de interés. En este caso, encontramos una conjunción perfecta de exterior y de fondo. Si bien el desarrollo argumental es escaso y la película se basa en largas escenas autosuficientes y en una progresión poco acusada, la humanidad que subyace funciona como sustento de la atención de un espectador que, si se ha interesado por los personajes desde el inicio, no podrá sentir indiferencia en el transcurso del film.

Los paisajes urbanos y campestres resultan deliciosos ante la pluma temblorosa de Chomet y la elección de los colores suaves y exquisitos se suman a una ambientación en la que es fácil perderse. Cada uno de los tipos humanos retratados, entre lo pintoresco, el tópico regional y la originalidad total son una creación que por sí misma podría sostenerse como una obra de arte. La banda sonora, también del director, acompaña para sumirnos en esa pesadumbre débil en la que aún cabe alguna sonrisa. Existen algunos momentos preciosos, como el juego con las sombras creadas por el libro sobre la pared de la habitación hacia el final y tantísimos otros hallazgos de similar belleza.

En conclusión, para los entusiastas de Tati, "El ilusionista" supone una oportunidad de reencontrarse con el autor y personaje, resucitado gracias al arte de la animación. Guiños y detalles constantes remiten a sus películas para reproducir casi la vivencia de estar ante un nuevo trabajo suyo. Quienes aún tengan la asignatura pendiente de acercarse a este cineasta, espero que lo hagan gracias a esta cinta, empezando, si quieren, por la que se proyecta en el cine donde Tatischeff ha de esconderse, "Mi tío". Los apasionados de la animación encontrarán ilustraciones en movimiento de sublime buen gusto, empleados para narrar una historia sencilla, nada complaciente, pero con toques alegres y un eterno optimismo.